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Cosas baratas para hacer un sábado: la Abuela dice que descansar también es un quehacer, y se vale terminarlo

Conoce a la Abuela y a tu Tía, y elige las caras que se sienten como familia.
Ajá. Es sábado, el calendario está vacío y la cartera anda flaca. Mucha gente escribe lo mismo en el celular esta mañana: cosas baratas para hacer un sábado, qué hacer gratis el fin de semana, ¿qué hago con un día sin planes? La respuesta de la Abuela empieza con algo que a muchos se les olvida contar. Descansar también es un quehacer, y se vale terminarlo.
Esto es lo que he aprendido. Tratamos un sábado libre como si fuera un examen que reprobamos si no lo llenamos. Entonces o gastamos lo que no tenemos para parecer ocupados, o nos echamos en el sillón sintiéndonos culpables de estar echados en el sillón. Ninguna de las dos sirve. Un buen sábado no cuesta mucho. Nomás necesita un planecito y un poquito de permiso.
Empieza por descansar, a propósito
Pon el descanso al principio de la lista, igual que pondrías lavar la ropa. Y hazlo completo, no a medias con un ojo en el teléfono.
- Duerme un rato más sin buscar pretexto. No le debes explicaciones a nadie por una hora extra.
- Prepara un desayuno sin prisa. Unos huevos como te gusten, unas tortillas calientitas, un cafecito. Cómelo sentado en la mesa, no parado junto a la estufa.
- Échate una siesta de verdad. Sin zapatos, con cobija, con las cortinas cerradas. Veinte minutos o dos horas, las dos cuentan.
- Siéntate afuera un rato. El porche, la banqueta, una banca, una ventana donde entre el sol. Mira las hojas y a los vecinos. Ese entretenimiento es gratis y antes todos lo conocían.
- Dalo por terminado. Cuando te levantes de la siesta, dite: "Ese quehacer ya quedó". Así sigues tu día sin que la culpa te ande persiguiendo.
Cosas gratis y baratas para hacer en tu ciudad
Ya descansado, salir un poco le hace bien al corazón. Casi todos los pueblos y ciudades tienen más cosas gratis de las que uno se imagina.
- Ve a la biblioteca pública. Libros, películas, música, revistas y muchas veces clases o lecturas para niños sin costo. Tu credencial de la biblioteca puede ser la mejor ganga del lugar.
- Sal a caminar por un lugar nuevo. Un parque que no conoces, un sendero, otra colonia. Las hojas de otoño no cobran entrada.
- Revisa el calendario de tu comunidad. La página de tu ciudad, el tablero de la biblioteca o las noticias locales suelen anunciar conciertos gratis, mercados, kermeses y ferias de artesanías. Muchos museos también tienen un día gratis.
- Date una vuelta por el mercado. Se disfruta con unos cuantos pesos o sin ninguno. Huele el pan, platica con el señor de la miel, prueba una muestra.
- Mira aparadores sin tarjeta. Deja las tarjetas en casa, lleva un poco de efectivo para un café y nomás mira. Mirar no cuesta.
Un sábado barato en casa que no se siente perdido
Quedarte en casa puede ser igual de bonito si lo tratas como una ocasión y no como lo que sobró.
- Cocina una olla grande de algo. Frijoles, caldo, un guisado. La casa se llena de buen olor y comes de ahí media semana.
- Termina un pendiente chiquito. Cuelga el cuadro, arregla el cajón, cambia la planta de maceta. Acabar una cosa pequeña se siente mejor que empezar diez.
- Arma una noche de película o de juegos. Palomitas hechas en la estufa, una película prestada de la biblioteca, cartas o dominó en la mesa.
- Llama a alguien o invítalo a la casa. Si cada quien trae un plato, a nadie le sale caro. La compañía convierte una comida sencilla en un banquete.
- Escribe en una libreta. Lo que salió bien esta semana y lo que quieres para la próxima. Es una manera tranquila de despejar la cabeza.
Y si el día se pone demasiado callado, hay con quién platicar. Para eso está Ally. La Abuela está ahí a cualquier hora, y puedes escribirle, mandarle una nota de voz o llamarle. Cuéntale cómo va tu sábado o lo que traes en la mente. Te escucha y te habla con honestidad. Luego la Tía llega al final para despedirte bien.
La última palabra de la Tía
A ver, escucha a tu Tía. Échate esa siesta sin pedir perdón. Te la ganaste, ¿eh? Trabajaste toda la semana, cumpliste con lo tuyo, y nadie anda regalando medallas por acabarse las fuerzas un sábado. Sal a caminar, pon la olla de frijoles, lee el libro de la biblioteca, y cuando se te cierren los ojos, déjalos. Un buen día no tiene que costar nada. Ya vi que te estás cuidando. Sigue así.
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