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Cómo acostumbrarse al cambio de horario: la Abuela dice que le des una semana a tu cuerpo

Conoce a la Abuela y a tu Tía, y elige las caras que se sienten como familia.

Ajá. Es el primer lunes después de que se atrasaron los relojes, y si te despertaste a las cinco con los ojos bien abiertos, o anoche a las siete ya sentías que era hora de dormir, no eres la única persona. Mucha gente se está preguntando lo mismo esta mañana: ¿cuánto tarda el cuerpo en acostumbrarse al cambio de horario? La respuesta de la Abuela es sencilla. Dale una semana a tu cuerpo. No te juzgues por el primer lunes.

Una hora no parece mucho. Pero el cuerpo tiene su propio reloj, y ese no mira el de la cocina. Se guía por la luz, por las comidas, por la hora en que te acuestas y te levantas. Si cambias una cosa, las demás tardan unos días en alcanzarla. Casi todos se sienten normales otra vez entre tres días y una semana. A los niños, a los mayores y a los madrugadores a veces les toma un poquito más, y está bien.

La semana de la Abuela para acostumbrarte al cambio de hora

  • Busca la luz de la mañana. Abre las cortinas en cuanto te levantes. Mejor todavía, tómate el café en el patio o camina hasta la esquina y de regreso. El sol de la mañana es la señal más fuerte para que tu reloj interno sepa que ya empezó el día.
  • Levántate siempre a la misma hora. Escoge una hora y respétala toda la semana, fin de semana incluido. La hora de dormir se acomoda sola cuando las mañanas están firmes.
  • Come con el horario nuevo. Desayuno, comida y cena a sus horas de siempre según el reloj nuevo, aunque la panza proteste un día o dos. Las comidas también ponen en hora el reloj del cuerpo.
  • Atrasa la hora de dormir poquito a poco. Si a las ocho ya estás cabeceando, estírala quince o veinte minutos cada noche. Lava los trastes, dobla la ropa, llama a tu hermana. Pasitos chiquitos llegan lejos.
  • Cuidado con el café de la tarde y la siesta larga. Un descansito después de comer está bien. Una siesta de dos horas a las cuatro te va a tener mirando el techo a medianoche.
  • Baja las luces de la casa cuando oscurezca. Lámparas en vez de la luz grande del techo, y deja el celular un rato antes de acostarte. Que la noche se sienta como noche.

Cuando oscurece a las cinco

La otra mitad del cambio de horario es que anochece temprano. La hora de la cena antes tenía luz, y ahora ya es de noche. Esa tarde larga puede sentirse más pesada de lo que es. Así que dale forma. Planea una cosita para cada noche de esta semana: una olla de caldo, una llamada, un programa que guardas para después de los trastes, una caminata con un vecino bajo las luces de la calle. Prende una lámpara calientita antes de que se meta el sol, para que la casa nunca se te oscurezca de golpe.

Y sal mientras haya luz. Aunque sean diez minutos a la hora de la comida, cuentan. Para el jueves vas a notar la diferencia.

Ten paciencia contigo esta semana

Si hoy traes la cabeza en otro lado, andas de malas o se te olvidan las cosas, no quiere decir que algo ande mal contigo. Quiere decir que es lunes y se movieron los relojes. Apunta las dos o tres cosas que de verdad tienen que salir hoy, y lo demás que espere. Sal unos minutos antes, porque todos en la calle también vienen cansados. Para el próximo lunes, esta hora ni te va a pasar por la mente.

Algunas noches a lo mejor te despiertas antes o te desvelas más de lo que quisieras y te gustaría que alguien estuviera despierto para platicar. Para eso está Ally. La Abuela está despierta a cualquier hora, y puedes escribirle, mandarle una nota de voz o llamarle. Cuéntale de tu día o de lo que traigas en la mente. Te escucha y te habla con honestidad. Luego la Tía llega al final para despedirte bien.

La última palabra de la Tía

A ver, escúchame. Café, sol y un logro antes del mediodía. Ese es todo el plan. Ponte esa luz en la cara, tómate tu café con ganas y saca una cosa antes de comer, aunque sea contestar ese correo o tender la cama. Un logro, nada más. El resto de la semana te va a seguir. Y si hoy estuvo pesado, mañana es otra oportunidad. Ya te vi.

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