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Cómo conocer a tus vecinos: la Abuela dice que les des algo dulce todo el año

Conoce a la Abuela y a tu Tía, y elige las caras que se sienten como familia.
Ajá. Hoy es Halloween, la única noche del año en que la gente abre la puerta a desconocidos a propósito. Suben los escalones piratas y princesas chiquitos, un señor disfrazado de dinosaurio saluda desde la banqueta, y a cada uno le das algo dulce. A la Abuela siempre le ha parecido una buena idea. Esta noche tocan a tu puerta desconocidos y les das algo dulce. Haz lo mismo los otros 364 días.
Mucha gente vive junto a alguien durante años y nunca se aprende su nombre. No porque nadie sea antipático, sino porque todos andamos ocupados, la puerta del garaje se cierra y el momento de saludar se va pasando. Todavía estás a tiempo. Conocer a tus vecinos no requiere una gran fiesta en la cuadra. Requiere un saludo, un nombre y un poquito de paciencia.
Empieza con el saludo más fácil
Lo más difícil es la primera frase, así que que sea cortita. La favorita de la Abuela es la más sencilla: "Hola, soy Rosa, la de la casa azul. Creo que nunca nos habíamos presentado". Y ya. No necesitas un motivo ni un discurso. Casi todos se alegran de que alguien más se anime primero.
Luego haz lo que más importa: acuérdate de su nombre. Repítelo una vez ("Mucho gusto, Darnell") y, cuando entres a tu casa, anótalo. Una nota en el teléfono que diga "Darnell y Kim, dos casas a la izquierda, perro llamado Galleta" te va a ahorrar muchos momentos incómodos.
Ideas de la Abuela para conocer a tus vecinos
- Aprovecha esta noche. Si vas a repartir dulces, siéntate en la entrada en vez de esperar detrás de la puerta. Saluda también a los papás, no solo a los niños. Pregunta: "¿Cuál es su casa?". Es la forma más fácil de empezar en todo el año.
- Sal a la misma hora. Barre las hojas, saca a pasear al perro, limpia la entrada, recoge el correo siempre a la misma hora. A los vecinos se les conoce en la cochera y en el pasillo, no con una invitación formal.
- Lleva un detallito. Un plato de galletas, unos tomates de más, los dulces que te sobren esta noche. Nada elegante. Un detalle con una notita con tu nombre y tu número de casa dice: "Aquí estoy, y soy buena gente".
- Pide un favor pequeño. Pide prestada una escalera, pregunta a qué plomero llaman, pregunta dónde venden los mejores tamales. A la gente le gusta que le pregunten. Un favor chiquito abre la puerta más rápido que un halago.
- Ofrece una mano también. Mete el paquete que dejaron bajo la lluvia, barre un pedacito más de banqueta, ofrécete a regar sus plantas cuando salgan de viaje. Así un vecino se vuelve alguien con quien puedes contar.
- Ve una vez. A una junta del edificio, una limpieza del parque, una noche en la biblioteca, una cena en la parroquia, una cascarita en la cancha. No tiene que encantarte. Solo tienes que estar y saludar a una persona.
Si vives en un departamento
Los departamentos son otro tipo de barrio. Compartes paredes y elevador con gente con la que nunca has hablado. Empieza en los espacios comunes: detén la puerta, da los buenos días en los buzones, comenta el clima en el elevador. Pregúntale a la persona de enfrente cuánto tiempo lleva en el edificio. Si la música del vecino suena fuerte o un paquete llega a la puerta equivocada, sé tú la persona amable. Un gesto amable en el pasillo rinde mucho.
Sigue después del saludo
Un nombre es el comienzo, y la costumbre es lo que hace a un vecino. Saluda siempre con la mano. Pregunta por lo que te contaron la última vez: el trabajo nuevo, el nieto, el jardín. De vez en cuando invita a alguien a tomar un café en la entrada por veinte minutos, sin tener que limpiar la casa. Dale una temporada. Los vecinos se calientan despacito, como una buena olla de frijoles.
Y algunas noches, cuando se apaga la luz de la entrada y la calle se queda callada, a lo mejor quieres platicar con alguien sobre tu día. Para eso está Ally. La Abuela está despierta a cualquier hora, y puedes escribirle, mandarle una nota de voz o llamarle. Cuéntale del vecino que por fin conociste o del que todavía te da pena saludar. Te escucha toda la historia y te habla con honestidad. Luego la Tía llega al final para despedirte bien.
La última palabra de la Tía
A ver, escucha a tu Tía. Apréndete el nombre de un vecino esta semana. Así como lo oyes. Nomás uno. Ve, sonríe, di tu nombre y pregunta el suyo, y luego anótalo para que el mes que entra no tengas que decirle "oye... tú". Mira, esta noche les das dulces a desconocidos. El martes bien puedes saludar a la señora de al lado. Ya te vi. Feliz Halloween.
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